jueves, 11 de octubre de 2012

Miró. Descubriendo el mar.

Bajó a la hora de costumbre, preparó el bote y cuando llegó Emilio se pusieron a remar. Miró miraba el cielo cubierto de nubes amoratadas.
-¿Has vuelto a hablar con el viejo?
-Si.
-¿Y qué? - Un destello de amargura indiferente brilló en el gesto de Emilio.
-No quieras saber. No es eso lo peor, ahora estoy casi contento: he roto mis cadenas. Me refiero a Lola, ¡quién iba a suponer! Me insultó, me llamó ladrón, me echó de casa, no quiso creerme. Ahora, no sé que voy a hacer, puede que me embarque. ¡Marcharme lejos de aquí! Me había acostumbrado a no asustarme de nada, pero lo ilógico, lo absurdo de esto me ha asqueado.
-¿Ahora te vas, ahora que empezaba a gustarme esta vida, cuando empezaba a aprender lo que hay en tí del mar, en el mar de tí, de mí?
Miró no lo dijo. Lo pensó nada más. Empezaba a llover.
-Será mejor no volver a verlo, ¿no te parece?
Se quedaron mirando el mar que había tomado el color del cielo. Los ojos traspasaban automáticamente la superficie brillante y se quedaban viviendo en palacios marinos. A través de la niebla se transparentaban las orillas verdes, las playas acaneladas. Emilio ya no hablaba, observaba a Miró que estaba descubriendo el mar.

José Hierro, el poeta.
Premio Cervantes.








Parc de la Mar, mural de Miró. Palma de Mallorca

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